.
Turbia la mirada...
Borroso el sentimiento...
Dispersas las palabras...
Desdibujado el llanto...
Algunos garabatos... de esquina, de café, de madrugada... Algunas palabras asomadas apenas, de hace ya tantos años, de hace poco... Un hueco entre mis huesos por donde ver un poco más de mi alma...

En las ruinas del alma habitan soledades

..
A veces, cuando me complico en preguntas sin respuestas y me pierdo intencionalmente en el laberinto de lo absurdo, comprendo que en ocasiones de nada sirve el pensamiento, de nada sirve valerme de palabras... entonces me dejo ser, y es precisamente en ese instante en el que comienzo a parecerme mucho más a mí misma...
Fui, sin haber deseado ser, mucho antes de saber acaso que era,
Fui por decisión de otros, fui lo que soñaron otros,
Fui diferente a otros...
Fui lo que creyeron que era, lo que yo creí que era, lo que mostraba que era, lo que era...
Fui una y muchas más al mismo tiempo,
Fui como me hubiese gustado ser, como nunca seria, como me dio la gana...
Fui por imposición y por propia iniciativa,
Fui por curiosidad,
Fui por necesidad de seguir siendo,
Fui por derecho a ser, por agradecimiento, por rebeldía, por pena de no ser...
Fui...
Soy aquello que fui, y más, y un poco menos,
Soy por todos los motivos por los que fui algún día...
Soy por el hecho mismo de ser y de haber sido,
Soy aún sin saber bien lo que soy o por qué...
Soy por alguna sencilla razón, o por muchas, o por una o muchas complicadas...
Soy...
Fui, soy, y tal vez, siga siendo...
Hoy elijo ser.
Ser no es no ser...
Ser implica a veces haber sido o dejado de ser...
Y así como un día fui sin haber deseado ser mucho antes de saber acaso que era,
Dejaré un día de ser sin haber deseado ya no ser y aún sin saber que ya no soy.
Y una vez... dijiste tan sólo unas pocas palabras y acaso sin querer me abriste una puerta tan ancha... tan grande... tan pesada... y entonces comprendí... releyendo unos versos... releyendo unas escenas... escritas hacía tiempo y con tanta pasión... de esa que en ocasiones opaca al talento y brinda tanto más que años de cátedra... comprendí cuánto me gustaba lo que hacía, cuánto me llenaba desde la inspiración hasta el garabato ya leído y olvidado... y fue ahí la pregunta... años de esconder tanto... y tan mío... quién es juez... quién es parte... no podía sentarme a esperar que me aprobaran... quién además... siempre estarían los cobardes acusadores índices entablillados por el idiotizante no hacer nada... firmes esperando para dar el gatillazo... a quién podía importarle... cuántos otros... a cuántos otros yo... estaba negándoles esto que por las noches acaso cuando faltaba el vino y en penumbras me acariciaba el alma... eso mismo... eso que antes mostraba con tal entusiasmado desparpajo... anestesiado ahí... por las dudas... por si quedara ahí... reflejado en mis palabras algo tan mío... tan íntimamente reprimido y achacado... que pudieran verme un poco más el alma... y entonces esa vez entendí algo... después... después escuché atenta algunas otras voces... y entendí que sí, me daba... ¿miedo? que me vieran desnuda en cada uno de mis versos... mal rimados, apenas esbozados... incongruentes... casi analfabetos... y no lindos... sino tal vez tan sólo reveladores... tan sólo un poco más de sentido de la vida, de mí-vida... expresado... Y más tarde... ya junto a tus palabras, y las de algún autor y mis ganas de apretar bien, bien fuerte los párpados y abrir grandes los brazos... terminé viendo esa bella película, en un cine repleto de pupilas... y me ví en cada uno de esos tres personajes... como si al escribirla hubiese dicho, "para no deschabarla la fragmento en más de una persona"... como si antes de crearlos a ellos fuera a mí que me hubiera soñado... Y comprendí... que todo volvía a un sábado de diciembre... cuando escuché así de frente a una bombilla oliente a yerba tus palabras, eso era... ya daba igual a estas alturas... releí cada uno de mis versos... y sentí tanto alivio... tanto placer recóndito... tanto anhelo... y me sentí como un cuarto personaje de aquel cineasta loco y adorado, que enojado con el mundo escribe obras para luego negárselas a la gente... pero en cambio, a diferencia de él, dejé de negar mi intento de crear y compartir eso apenas creado... en un esfuerzo enorme por no dejar caer sobre mi espalda esa puerta que juntas, acaso sin que lo supieras, empujamos ese sábado a la tarde allá en el monstruo Baires... y me propuse, no dejar caer la puerta, no cerrarla jamás... en honor, en agradecimiento, en homenaje, a que existan estas personas, como vos, en la vida, y que se hayan colado así en puntillas por entre las goteras de mis días... y en un grito y un intento desesperado de que se den estos hermosos momentos de iluminarnos el alma con una mente puramente abierta al reencuentro con uno mismo... Y en ese mismo intento otra vez sentí... ¿miedo? y abrí grande los brazos y me arrojé al vacío de disfrutar sin registro ni reveses... y comprendí que no bastaba la aprobación ajena, ni el gusto ajeno... ni la excelencia en lo que estaba haciendo... ni nada... más que el momento exacto en el que el embriagante humo de la inspiración me acechaba... el momento preciso en el que mi alma, en un romance eterno con la mente se rozaban, y entonces, esa explosión de los sentidos a través de inconexas ideas y palabras apenas asomadas, delineadas por una mente ajena a todo, excepto al aquí y ahora de estar incluso sin estar en mí resumiendo un universo mágico en palabras... y luego... cuando llega la calma, la hora de sentir el vacío tan lleno de la obra acabada... que quedaba... solamente el vino cotidiano de compartir aquello que yo creaba... que tanto me llenaba, rescataba... y por cierto liberaba... y en ese mismo instante tu mirada... y tu voz repitiendo unas palabras... y el eco de palabras ya gastadas... que tal vez ni recuerdes que soltaste pero que sin saberlo yo tampoco se fueron acurrucando en cada bocacalle de mi alma... era eso... a veces no sobran las palabras... a veces hacen falta... a veces nos abrigan en plena madrugada...